sábado, 17 de mayo de 2014

¡Que no cunda el pánico! (2ª parte)

 
 
 
Ya en la Sala de Juntas, enfermera Tercero C, bombero Primero C y Cuerpo de Montaña de la Guadia Civil Segundo A se entregaron a una actividad frenética, encendieron velas y un camping gas, pusieron a joven Ático sobre la mesa de la sala a modo de camilla y lo taparon con una manta térmica del Cuerpo de Rescate de la Guardia Civil.

-Tía, parece un pollo asado envuelto en papel albal- dijo una de las chicas Cuarto A a pelirroja Cuarto A, que se preguntó si sería por eso por lo que babeaba al mirarlo.

A doña Sonotone Primero C le facilitaron la hamaca, un taburete y tres cojines para que pudiera poner las piernas en alto.

-¡Encarnita!, ¡regula el sonotone, Encarnita!, ¡que se está acoplando! –gritó a su hermana doña Primero B- Bueno, a ver si Encarnita termina de regular el trasto ese, vamos, un rosario para cada una que empezamos, recemos con devoción a nuestra Santísima Madre para que no haya otro terremoto, que el Señor nos ampare y nos escuche. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

-Amén –contestaron Sonotone Primero B y sus labores Quinto C y ludópata Quinto D.

-Dios mío, ven en mi auxilio –dijo Primero B.

-Señor, date prisa en socorrerme –contestaron Sonotone Primero B,  Quintos C y D.

-Gloria al Padre... –dijo hermana Primero B.

-Como era en el principio... –contestaron Sonotone Primero B y Quintos C y D .

-Primer misterio, El bautismo de Jesús en el río Jordán... Padre nuestro que estás en el cielo... –dijo Primero B.

En vista de que la noche iba a ser larga, don arquitecto Tercero C se aflojó el nudo de la corbata y se dijo que si por lo menos doña enfermera Tercero D no estuviera tan atareada con joven Ático y viniera a charlar un rato a su lado, no le estarían dando ganas de ahogar a las ancianas en el Jordán.

-...Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Por favor, don Ernesto, salga a fumar al jardín que Encarnita está muy delicada de los bronquios. Segundo Misterio, Jesús y María en las bodas de Caná... Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya todos están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora... Dios te salve, María, llena eres de gracia...

-Vecinos- comenzó a sugerir don Quinto D- hablando de vino, me voy a dar un salto a mi bar a por unas cervecitas y algo para picotear, ya ajustaré cuentas con don Eusebio, que digo yo que la Comunidad tendrá alguna partida reservada para imprevistos. Vamos a ver si nos alegramos, que con el Matías ahí subido, las velitas y los rezos, parece que estamos de velatorio, menudo cenizo.

-Guay, tías, botellón- contestaron entusiasmadas chicas Cuarto A.

Jubilado Quinto B y maestro Cuarto C se ofrecieron a acompañarlo y regresaron a la Sala de Juntas con todo lo necesario para organizar una fiesta en el jardín, además de comida, don Quinto D se trajo su acordeón y varias botellas de ron y güisqui. Hermanas Primero B ambas dos se negaron a probar una tapita de jamón mientras tuvieran el Sagrado Rosario entre las manos, pero sus labores Quinto C y ludópata Quinto D, alegando que a ellas los nervios les da mucha hambre, abandonaron el sacro círculo para sumarse a la fiesta.

-...Por los siglos de los siglos, Amén. Cuarto Misterio, la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor, ... Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué hermoso es estarnos aquí! Si quieres, haré tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»... Padre nuestro que estás en los cielos... -dijo doña Primero B.

-Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino... -Contestó doña Sonotone Primero B.

“De verdad, qué bien estamos aquí”, pensó Pelirroja Cuarto A que, cuando don Quinto D y compañía vinieron con los víveres para la fiesta, le había dicho voluntariosamente a doña enfermera Tercero D que saliera al jardín a divertirse, que ella la relevaría, y desde entonces no se había movido del borde de la mesa de joven Ático, cosa que doñas Primero B habían elogiado de la joven entre misterio y misterio, “mírala la chiquilla, qué devoción mariana, qué acompañar a los enfermos, y eso que sus amigas han salido al jardín nada más escuchar el acordeón, y ahí estarán bailando tangos con todos los hombres casados de la Comunidad y bebiendo como pecadoras, que la Magdalena las guíe, amén”.

Sin embargo, ironías de la vida, un maestro tesorero Cuarto C inusualmente zalamero por efecto de los vapores etílicos, entró en ese momento en la Sala de Juntas con una chica Cuarto A en cada brazo, y con monerías y carantoñas supo ganarse a doñas hermanas Primero B para que los acompañaran en el jardín: “Vamos, que no decaiga la fiesta, que me ha dicho un pajarito que bailaba usted muy bien en sus tiempos mozos, doña Florita, enseñe a las niñas a bailar pasodobles, por caridad cristiana, que ahora mismo me llevo yo la hamaca de doña Encarnita para que tome el fresquito ahí fuera, dejen a la Virgen descansar un rato, que ya es muy tarde, y si hay réplica y nos quedamos sin casas, ya responderá alguien”.

En menos de diez minutos doña Sonotone Primero B, patxarán en mano, cantaba jaleada por las niñas Cuarto A con su hilillo de voz que a ella se le puede besar en la mano o se le puede dar un beso de hermano, pero que un beso de amor no se lo da a cualquiera, mientras doña hermana Primera B (uy qué sofoco, don Ramón, a mi edad) y don tesorero Cuarto C (ole, doña Florita, vivan las mujeres con gracia) les enseñaban a las chicas Cuarto A a bailar pasodobles.

La bebida y la alegría corrían a raudales en el jardín (Rafa, pichurriqui, qué valiente eres, ven que te diga una cosita... Ay, Manolo, qué bien tocas el acordeón, Manolo... Doña Juanita, qué hermosura el destello de sus ojos con la luz de esta luna... Elena, querida, necesito un masaje en la espalda... Antonio, quiero verte con el tricornio, no lo habrás echado en la mochila, ¿no?... Cómo te sienta el rojo, chata...) mientras que en la Sala de Juntas:

-Matías, tío, tengo que decirte una cosa, que me gustas. Mucho, tío.

-Qué fuerte. Tú también a mí, tía. Cristina, tía, ¿y si nos vamos detrás de un seto y me clavas las uñas en la espalda?

-Guay, tío.

Ático dio un salto de la mesa y corrió con Pelirroja Cuarto A a los jardines de la Comunidad en busca de un seto, tarea que resultó imposible porque todos los setos estaban ya ocupados por Quinto A con Quinto A, Tercero C con Tercero D, Primero C con Primero C, Segundo A con Segundo A, Quinto D con Quinto D y Quinto C con Quinto B, de modo que no les quedó más remedio que parapetarse en medio del césped debajo de la manta térmica, la cual estuvo crepitando y brillando escandalosamente bajo la luz de la luna durante lo que quedó de noche.

Y en palabras de don Presidente Quinto B: "Fue al alba y en plena bacanal, cuando los espíritus de Dionisos y Cupido campaban a sus anchas por los jardines de la Comunidad, cuando Gea y Hades se confabularon y nos enviaron, pobres mortales, la tan temida réplica: primero un ruido profundo que venía de las mismísimas entrañas de la Tierra, después el espantoso temblor y por último la caída estrepitosa del Edificio Generalife”.

-¡Pa habernos matao! -exclamó don Quinto D levantando la cabeza por encima de las piernas de doña Quinto D.



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