lunes, 12 de mayo de 2014

El abuelo Rhodo

Procedencia de la imagen: RT Sepa Más

 
 
Para Fanny y Chiqui, que me adelantaron el parto.
 

No sé cuándo os vais a cansar de escuchar la historia de los Grandes, aquello no merece la pena recordarlo. ¿No preferís escuchar mis aventuras por las montañas de sal de las lágrimas? No hay topografía más bella que la de esos cristales que he escalado tantas veces. Pero si lo que queréis es una historia de terror de las de verdad, os contaré la de aquella vez que hace muchos, muchos años,  caí en una gota de agua de mar... no, por favor, la de los Grandes otra vez, no. Lo único que se salva de esa historia es la parte en la que el suelo salió volando y comenzó a caer, justo antes de explotar violentamente bajo nuestros fosfófagos y hacerse añicos. Volvamos a la gota de agua marina, eso sí es una historia: como recordaréis, una vez vuestros abuelos y yo caímos en un charco de agua de mar y vivimos una de las experiencias más terroríficas de nuestras vidas. Nunca habíamos visto monstruos como los que viven en esas aguas. Tenían unos fosfófagos cien veces más largos que los nuestros, con los que te atrapan y te comen de un bocado, sí, los monstruos marinos todavía comen, sí, como los Grandes, sí... no empecéis otra vez, no pienso volver a ellos, ya os he dicho que es aburridísimo y que lo único emocionante de esa historia es cómo escapamos de aquel lugar, que el suelo cayó hasta el fondo como cuando vuelas sobre una hoja seca que de pronto se desprende, pero a la velocidad del diablo y bla bla bla. Pero lo que os estaba contando: pedid al Amanecer que no caigáis nunca en una gota de agua marina, escapamos de ella por los filamentos. Claro que entonces yo era muy joven y tenía todos mis fosfófagos en forma, ahora tengo estos tres de aquí inútiles, desde el accidente con los Grandes, cuando el suelo salió volando y todo eso. Cambiemos de tema, quizá el más hermoso paisaje que he contemplado jamás sea el de la gota de zumo de naranja, un delirio de colores. Los Grandes, si es que queda alguno vivo todavía, creen que es naranja, pero no es naranja en absoluto es... ¡Oh, qué pesados sois!, ¡no amustiéis los fosfófagos de esa manera!,  ya os sabéis de memoria todas las cretinadas de los Grandes, a ver, ¿cuántas veces os habré dicho cómo nos llamaban? Pues eso, "Rhodopseudomonas Palustris" y cosas aun más extrañas, como "Bacteriasdescubiertas".  Admito que tiene su gracia, sí, yo también reía con eso cuando estabámos allí. Me acordaba de los Filosoles que no estaban con nosotros y me preguntaba qué opinarían de llamarse "Rhodopseudomonas Palustris" y "Bacteriadescubiertas". Lo que pasa es que los Grandes eran unos ignorantes que no se enteraba de nada, si las cosas no tenían el tamaño de un elefante se creían que no existían, y cuando descubrían que existían les parecían fascinantes. Os decía que la gota del zumo de naranja es el sitio más hermoso que conozco, pero solo porque cuando lo he dicho no he pensado en la belleza de los bosques de neuronas, ese sí que es un sitio hermoso, es como si estuvieras en una tormenta eléctrica interminable, el cielo no cesa de iluminarse con los rayos más extraños que os podáis imaginar. No, no insistáis más, por favor, con los Grandes no viví nada bello ni emocionante, teníamos mucho sueño y pasábamos muchas horas durmiendo. No hacían otra cosa que encerrarnos en un sitio y en otro. En algunos era muy fácil encenderse, pero en otros no había manera, no nos llegaba luz a los fosfófagos y cuando creíamos que nos apagábamos para siempre, nos encerraban en otro sitio distinto donde podíamos recuperarnos un poco. Así fue como descubrieron que nos alimentamos de electricidad, ya veis, noticias frescas, pero ellos estaban maravillados. A nosotros lo único que nos interesaba era que terminaran de descubrirnos de una vez y nos tiraran por el fregadero. Las cloacas no eran un sitio temible para Filosoles como nosotros y en aquellos momentos no nos hubiera importado acabar en las cloacas para poder salir de allí.

No me gusta recordar aquello. No sé qué es lo que nos hicieron. Hasta entonces habíamos paseado entre sus cabellos, navegado por su sangre y viajado de uno a otro por el beso sin que nada sucediera, pero desde que estuvimos allí, basta con que nos acerquemos un poco para que caigan fulminados.

NOTA: aunque la bacteria Rhodopseudomas Palustris existe y ha sido recientemente descubierta como se puede comprobar AQUÍ, hasta donde yo sé no es letal. Las características de estos microbios me parecieron tan fascinantes (qué le voy a hacer, pertenezco a la tribu de los Grandes), que no pude resistir la tentación de escribirles un cuento. 

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